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La filosofía en la edad contemporánea: filosofía analítica. Wittgenstein L.

La filosofía en la edad contemporánea: filosofía analítica. Wittgenstein L.

 

Filosofía analítica.

 

 

1. Caracteres.

 

Filosofía analítica, movimiento filosófico surgido en el siglo XX, principalmente en el Reino Unido y en Estados Unidos después de la II Guerra Mundial, que trata de aclarar el lenguaje y analizar los conceptos expresados en él. Ha recibido diversas denominaciones, como análisis lingüístico, empirismo lógico, positivismo lógico, análisis de Cambridge y filosofía de Oxford. Aunque el movimiento no acepta ninguna doctrina o teoría específica de forma unánime, los filósofos analíticos y del lenguaje están de acuerdo en que la actividad propia de la filosofía es aclarar el lenguaje o, como prefieren algunos de ellos, esclarecer conceptos. El objeto de su actividad es resolver los problemas filosóficos, los cuales, afirman, se originan en la confusión lingüística.

 

2. Vida y obras.

 

Ludwig Josef Johann Wittgenstein, su nombre completo, nació el 26 de abril de 1889 en Viena. Tras haber estudiado en Linz y Berlín, se trasladó a Gran Bretaña para completar su formación como ingeniero en la Universidad de Manchester. Su interés por las matemáticas puras le llevó al Trinity College de la Universidad de Cambridge, centro en el que recibió clases de Bertrand Russell. Allí orientó su interés hacia la filosofía. Tras el estallido de la I Guerra Mundial se alistó en el Ejército austriaco y fue precisamente durante la contienda cuando redactó su escrito más famoso, Tractatus logico-philosophicus (1921), obra que, según él, aportaba la “solución definitiva” a los problemas filosóficos. Más tarde se apartó de la filosofía y durante años enseñó en una escuela de Austria. En 1929 regresó a Cambridge y, asignado al Trinity College, reanudó su trabajo filosófico. Pronto empezó a rechazar ciertas conclusiones del Tractatus y a desarrollar otras opiniones, que serían plasmadas en sus Investigaciones filosóficas, título publicado con carácter póstumo en 1953.

 

Hombre sensible y profundo, a menudo se mostraba solitario y con tendencia a la depresión, Wittgenstein odiaba la petulancia y fue famoso por su sencillo estilo de vida. Falleció el 29 de abril de 1951 en Cambridge.

 

3. Su pensamiento.

 

El pensamiento de Wittgenstein gira en torno al lenguaje. En su primera época (cuando escribió el Tractatus, allá en Rusia, concretamente), consideraba que el lenguaje se asemeja a un mapa de la realidad. Luego, las proposiciones (lo que se afirma, o se niega sobre cualquier hecho), tienen sentido si describen lo que está fuera. Obviamente aquellas proposiciones que no hablan de hechos, que no representan hechos, carecen de significación (por ejemplo afirmaciones de tipo religioso o metafísico). De aquí una conclusión radical: de lo que no se puede hablar, mejor callar. Estas ideas cuajaron en lo que se llamó el Círculo de Viena, un grupo de filósofos también conocidos como "positivistas lógicos". En rigor Wittgenstein nunca perteneció, ni le interesó, participar en ese grupo que tuvo, y tiene, tanta influencia en el pensamiento occidental. Esta tarea de limpieza de la filosofía es tan extrema que, fuera del discurso científico, no queda nada en pie. El lenguaje corriente es defectuoso, tiene muchas proposiciones que no indican nada concreto. El complicado lenguaje corriente -afirma en el Tractatus- no puede captarse en su aspecto lógico. Es sumamente complicado y disfraza el pensamiento de la misma manera que el vestido oculta el cuerpo. En consecuencia hay que buscar el esqueleto lógico que refleja la estructura de los objetos representados. De esta manera, y poco a poco, se puede ir construyendo un lenguaje ideal apto para la ciencia y la filosofía. En esta forma el quehacer filosófico tiene una tarea y una restricción: no se trata de "decir" lo que es, o cómo es la realidad, sino aclarar los enredos provocados por la manera que tenemos de simbolizar las cosas (es decir: el lenguaje). 
 
Ya mucho tiempo después, y luego de practicar diferentes profesiones, Wittgenstein vuelve a revisar su "filosofía" y la rehace casi totalmente. 

 

Siempre dentro del análisis del lenguaje encontró que se generan constantemente supersticiones y confusiones producto de nuestra facultad de simbolizar los hechos en palabras. La Filosofía debe ayudar a rehuir el embrujamiento de nuestra inteligencia que produce el lenguaje. Hasta aquí se asemeja al Wittgenstein de la primera época, pero imprime a su pensamiento un cambio radical cuando afirma: No hay un único lenguaje. No es posible, ni necesario, elaborar un lenguaje ideal. Lo importante es investigar los "usos" con que se presentan los diferentes lenguajes en la realidad. 

 

Se trata de no ocuparnos de las "significaciones" en si mismas, sino de como se usa aquella o esta proposición:

"El lenguaje fenomenológico...no es ahora mi objetivo... ¡Qué extraño que la filosofía se ocupara de un lenguaje "ideal" y no del nuestro! El análisis lógico es el análisis de algo que tenemos, no de lo que no tenemos. Es, por tanto, el análisis de las proposiciones tal y como ellas son" (Las Investigaciones Filosóficas).

Los usos son múltiples (tan variados como los contextos o las situaciones en que nos encontramos), por lo que no existe "un lenguaje" que analizar:

"comprendo la proposición cuando la  aplico".

 

Lo que llamamos lenguaje no es otra cosa que "juegos de lenguaje. Uno de esos juegos sirve para describir, otro para indignarse, otro para consolar, y así seguido. Tenemos, usamos, distintos "juegos" que se combinan, intercambian... entrecruzándose en una multiplicidad rica y variada. Hay muchos juegos de esta clase:

"blasfemar, contar chistes, mandar, proponer un hipótesis y probarla" (Las Investigaciones Filosóficas)

Ignorar la existencia de estos "juegos" para pensar en un único lenguaje es simplificarlo tanto que, por este camino únicamente se llega a engendrar confusión. No hay nada oculto en los juegos de lenguaje (una lógica ideal que desentrañar), nada que sea menester descubrir con herramientas sofisticadas. Hay que fijarse en el "uso", es más, en qué contexto se lo practica y qué se quiere lograr con ello. Los juegos del lenguaje son cambiantes, abiertos, creadores de reglas; luego una condición indispensable para entenderlos cabalmente es participar en ellos. 

 

Parece evidente que "las perplejidades filosóficas" son fruto de las ilusiones del lenguaje. Un espejismo que surge de nuestra capacidad de simbolizar. No hay nada detrás; el rey está desnudo. 

 

Wittgenstein insiste, aunque irrite a más de un investigador, que en la filosofía no hay nada oculto, todos los datos están en la mano. Preguntar "¿qué hora es?" no ocasiona ningún problema, pero transformarlo en una inquisición sobre la naturaleza del tiempo nos confunde. 

 

Sus afirmaciones son aparentemente sencillas. A veces da la impresión que cualquiera podría llegar, si se pone a pensar, a las mismas conclusiones. Según él los malentendidos filosóficos se originan en la confusión de ciertos usos lingüísticos. Se confunde "un juego" con otro. Por ejemplo, se puede llegar a creer que el lenguaje religioso es el mismo que el de la ciencia, o que las afirmaciones morales -"la conducta x es inmoral"- son del mismo tipo que las descripciones de objetos físicos "-el líquido x es incoloro-". Cómo las proposiciones tienen la misma forma se puede concluir que pueden resolverse por el mismo método. Sin embargo el análisis atento de estas dos expresiones (aparentemente iguales): "la conducta x es inmoral" y "la sustancia x es incolora" pondrá las cosas en su lugar. Descubriremos que mientras la palabra "incolora" se usa para describir una propiedad de un objeto, el término " inmoral" no se usa para describir una propiedad de la acción (al contrario, se lo usa para juzgar, o calificar la acción mencionada). 

 

Nótese que decir que un objeto, por ejemplo "una foto", es "clara" significa describir cómo es; en cambio, al decir que es "inmoral" estamos indicando otra cosa (por ej., que según un código estético determinado dicha foto entra en la categoría de "objetos inmorales") 

 

No se puede, obviamente, privilegiar ningún juego lingüístico particular, considerándolo "el único legítimo existente". O sea que el Wittgenstein posterior se autocrítica en aquellas afirmaciones del "Tractatus", en donde sólo daba validez al leguaje descriptivo. 

 

"¿Cuál es tu objetivo en filosofía? -se pregunta-: ¿Mostrar a la mosca el orificio de salida de la botella?".

 

De esta manera filosofar es una "tarea terapéutica", ya que permite esclarecer las semejanzas y desemejanzas de los juegos lingüísticos; limpiar las ilusiones, confusiones y enredos producidos únicamente por la propia potencia del lenguaje. 

Al lector, llegado este punto, quizá le resulte familiar algunas de las elucubraciones wittgenstenianas. Muchas veces notamos que las discusiones son enredos de palabras, donde los significados cambian según quien las pronuncia y conforme las intenciones a veces malévolas, de las partes enfrentadas. 

 

Quizá, entonces, se intuya la importancia de las reflexiones wittgenstenianas y cómo por diversos caminos influenció a muchos pensadores y llegará a otros, muy alejados, con sus preocupaciones.

 

 

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