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La filosofía en la edad moderna: el idealismo trascendental.

 

 

 

 

 

Manuel Kant.

 

1. Vida y obras.

 

Manuel Kant (1724-1804) nació, vivió y murió en Königsberg. Fue educado en el pietismo. Se dedicó a la enseñanza, primero, como profesor privado, y después, en la universidad, como ordinario de lógica y metafísica. Muy delicado de salud, fue siempre puntual y metódico.

 

En la hora de Kant se distinguen dos períodos: el precrítico y el crítico. Existen obras muy importantes y fundamentales en ambos periodos, pero aquí sólo vamos a mencionar las del periodo crítico:

 

Crítica de la razón pura (1781).

Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785).

Crítica de la razón práctica (1788).

Crítica del juicio (1790).

 

 

2. El problema crítico.

 

Kant se había formado en el racionalismo de Descartes y Leibniz. Pero la crítica de Hume le despertó de su sueño dogmático. Kant intenta mediar entre dos corrientes, para profesar finalmente un racionalismo crítico. Su filosofía se propone examinar la capacidad, el valor y los límites de la razón antes de toda construcción sistemática.

 

En conformidad con la triple manifestación (teórica, práctica y estética) del conocimiento, la filosofía de Kant se dirige a estos tres objetivos capitales:

 

A. Fundamentar la posibilidad del conocimiento científico (matemático y físico) y determinar la no posibilidad de la metafísica como ciencia;

 

B. Fundamentar una moral autónoma y formal;

 

C. Conciliar la naturaleza con libertad del reino de la moralidad mediante una representación teológica del universo.

 

A la consecución de estos tres objetivos se contraen, respectivamente, la " crítica de la razón pura ", la " crítica de la razón práctica " y la " crítica del juicio”.


 

 


3. La " Crítica de la razón pura”.

 

A. Los juicios.

Kant comienza distinguiendo dos clases de juicios: analíticos y sintéticos. Analítico es aquel juicio cuyo predicado está contenido en el concepto del sujeto. Sintético, aquel cuyo predicado no está contenido en el concepto del sujeto, sino que se le añade. " El círculo es redondo ", es un juicio analítico. " El hierro es pesado ", es un juicio sintético. Los juicios analíticos son universales y necesarios, pero no agregan nada a mi saber. No pueden por lo tanto constituir la ciencia. Los juicios sintéticos amplían mi saber, pero son particulares y contingentes, y, por tanto, tampoco sirven para la ciencia. Mas como la ciencia existe, tiene que haber una tercera clase de juicios.

 

Paralelamente a esta distinción, pone Kant los juicios a priori y a posteriori. El juicio a priori que es independiente de la experiencia. Todos los juicios analíticos son juicios a priori. Pero no todos los juicios sintéticos son juicios a posteriori. Kant afirma que hay juicios sintéticos que son a priori.

 

Los juicios sintéticos a priori gozan de todas las ventajas de los juicios sintéticos y de ningún inconveniente de los juicios analíticos: por ser a priori son universales y necesarios; por ser sintéticos amplían mi saber.

 

La ciencia, para Kant, es un conjunto sistemático de juicios sintéticos a priori.

 

B. Tres problemas fundamentales.

Kant se encuentra con tres ciencias: la matemática, la física y la metafísica. Las dos primeras ha encontrado su seguro camino; la metafísica se le presenta a Kant problemática en sí misma. El problema que se le planteará será el de la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en estas tres ciencias. Formulados por separado tenemos:

 

¿Cómo son aplicables los juicios sintéticos a priori en la matemática? (estética trascendental)

 

¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la física? (analítica trascendental)

 

Como son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica? (dialéctica trascendental)

 

C. Estética trascendental.

Lo conocido se compone de dos elementos: lo dado y lo puesto. Lo dado se llama también materia; lo puesto se denomina forma. El conocimiento es entonces el maridaje fecundo de una materia (caos de sensaciones) y una forma (estructura de la facultad de conocer).

 

El hombre posee tres facultades de conocer: la sensibilidad, el entendimiento y la razón. Cuando recibo el caos de sensaciones lo ordeno, en primer lugar, en el espacio y en el tiempo (formas de la sensibilidad). El caos de sensaciones así ordenado constituye el fenómeno. El problema de estética trascendental, es decir, la fundamentación de la matemática, será, pues, una doctrina del espacio y el tiempo.

 

El espacio y el tiempo no son cosas, sino formas a priori de mi facultad de tener sensaciones, algo así como los ámbitos donde colocó la sensaciones; por consiguiente, pertenecientes al sujeto. El espacio y el tiempo son intuiciones puras mediante las cuales son posibles los juicios sintéticos a priori de la matemática.

 

El espacio hace posible la geometría pura y explica la validez objetiva de la geometría aplicada. El tiempo hace posible la aritmética pura y explica su concordancia con la realidad.

 

Espacio y tiempo son, pues, el fundamento lógico de la matemática y explican la posibilidad de sus juicios sintéticos a priori.

 

D. Analítica trascendental.

La analítica trascendental trata el problema de la física en la “crítica de la razón pura”.

 

La sensibilidad presenta el fenómeno al entendimiento. Pero el entendimiento tiene también sus formas a priori: son los conceptos puros o categorías. La fundamentación de la física pura se hará mediante las categorías. Por ellas los fenómenos se hacen para nosotros objetivos.

 

Kant deduce las categorías de la tabla de los juicios. Los juicios son:

 

1. Por la cantidad: universales, particulares, singulares.

2. Por la cualidad: afirmativos, negativos, infinitos.

3. Por la relación: categóricos, hipotéticos, disyuntivos.

4. Por la modalidad: problemáticos, asertóricos, apodícticos.

 

De ellos obtiene Kant la siguiente tabla de categorías:

 

1. De la cantidad: unidad, pluralidad, totalidad.

2. De la cualidad: realidad, negación, limitación.

3. De la relación: sustancia, causalidad, comunidad.

4. De la modalidad: posibilidad, existencia, necesidad.

 

Con la aplicación de las categorías al fenómeno se elabora el entendimiento de los objetos de la física. La física es, pues, posible merced a las categorías. Y se constituye con juicios sintéticos a priori.

 

Con la referencia al tiempo se esquematizan las categorías y se hace posible que haya para nosotros una naturaleza. Basándose el pensamiento de la naturaleza en las leyes del conocimiento, pueden formularse los principios a priori del entendimiento puro con validez para los objetos. De estos principios, que constituyen la física pura, podemos señalar los tres últimos:

 

1. Lo que concuerda con las condiciones formales de la experiencia (espacio, tiempo y categoría) es posible.

2. Lo que concuerda con las condiciones materiales de la experiencia (sensación) es real.

3. Lo que concuerda con lo real, según las condiciones generales de la experiencia, es necesario.

 

Según esto, la sensación es el signo de lo real. Para que haya conocimiento de lo real es preciso la intuición y el concepto. Para eso Kant dice que las intuiciones sin el concepto son ciegas, y los conceptos si las intuiciones, vacíos.

 

E. La dialéctica trascendental.

¿Es posible la metafísica? Kant distingue una metafísica trascendental y una metafísica inmanente. La metafísica es conocimiento puro, a priori; pero como el conocimiento real necesita, además de los principios formales, la sensación terminará por negar la posibilidad de la metafísica.

 

La tercera facultad del hombre es la razón. La razón tiene también sus formas: las ideas. El entendimiento no envía a la razón más de conceptos, formas y con esto no se engendra jamás conocimiento.

 

La metafísica tradicional trataba, según Kant, de tres objetos: el alma, el mundo, y Dios. Pero de estos tres objetos no tenemos sensaciones. Dios, el mundo y el alma no se encuentra en el área de nuestra experiencia real ni en el área del experiencia posible. Por tanto, no podemos decir que existan. Aunque tampoco lo contrario. Las ideas del alma, mundo y Dios se quedan en meras ideas, todo ello porque el uso lógico de nuestra razón es puramente formal y el uso puro o real está desprovisto de la intuición intelectual.

 

Con esto Kant ha concluido la no posibilidad de la metafísica como ciencia natural al modo de la físico-matemática. Con la razón pura no es posible penetrar en el orbe trascendente de la cosa en sí. Pero los problemas planteados siguen en pie. Kant se ve obligado a transferir los al campo de la razón práctica. ¿Tendrán allí mejor suerte los intentos kantianos de solución?

 

 

3. La "Crítica de la razón práctica”.

 

A. La buena voluntad.

Junto al conocimiento especulativo pone Kant el conocimiento práctico. El primero versa sobre el mundo empírico; el segundo, sobre el mundo inteligible. La fuente del conocimientos teórico es la razón pura; la fuente del conocimiento práctico es la razón pura en su uso práctico. La razón pura práctica es llamada por Kant voluntad. La primera afirmación kantiana que conviene registrar es el valor de la voluntad: nada hay en el mundo ni tampoco fuera del mundo que sea bueno sin restricción, a no ser una buena voluntad. En el mundo inteligible encontramos el hecho de la moralidad. El yo puro tiene conciencia del deber, siente el hecho de la moralidad.

 

B. El problema moral.

En la " crítica de la razón práctica ", partirá del hecho de la existencia de la moralidad. Y sobre este hecho se levantará también la cuestión de derecho, es decir, la justificación crítica del valor objetivo, universal y necesario de la moralidad.

 

El valor objetivo del conocimiento con sus caracteres de universalidad y necesidad procedía de la forma a priori aportada por las facultades cognoscitivas. De igual manera la universalidad y necesidad de la moral sólo podrán proceder de una forma a priori que toma en Kant la denominación de ley pura. ¿Cuál es esta ley y bajo qué condiciones no se es dada? Con la apelación al imperativo categórico inicia la solución; la metafísica de la libertad, la inmortalidad y Dios, como postulados de la razón práctica, la concluye.

 

C. El imperativo categórico.

El problema moral habrá de trasladarlo Kant, a la voluntad que la produce. Los sistemas de ética hasta Kant inferían las normas morales de un fin. Era morales heterónomas; Kant, en cambio, busca el fundamento de la validez de las normas morales en las mismas normas y proclamara la autonomía en la moral. Mas las normas habrán de tener carácter obligatorio, imperativo. Se trata, pues, de buscar un imperativo. Distingue Kant entre imperativos hipotéticos, que suponen una condición, e imperativos categóricos, que obligan absolutamente. El imperativo categórico indicará el modo con que se ha de obrar. El imperativo categórico de Kant será: " obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer como principio de legislación universal”. Kant agrega otras dos formas de imperativo categórico. La segunda se expresa así: " obra de tal modo que nunca tomes a la humanidad ni en ti ni en otros como medio, sino siempre como fin”. Y la tercera: " obra de tal modo que tu voluntad pueda ser considerada como legisladora universal”.

 

La ética kantiana, pues, es autónoma y formalista. Autónoma, porque la norma moral se funda en la norma misma; formal, porque no prescriben ninguna acción concreta, sino únicamente la forma (puro respeto al deber) en que se ha de obrar.

 

D. La libertad.

Con el imperativo categórico, Kant ha avanzado ya allende el campo empírico, fenoménico, y penetrado en el orbe inteligible, metafísico. Lo que parecía vedado para la razón especulativa pura, se ofrece ahora a la razón pura práctica. Se inicia de esta manera la metafísica kantiana. ¿Bajo qué condición puede considerarse impuesto el imperativo categórico a una voluntad absoluta? La única condición requerida es: " que sea libre”. El hecho de la moralidad es en sí mismo evidente, algo que se nos impone. A él debemos someternos. Más si debemos, podemos. Tenemos, pues, que ser libres. La libertad no es demostrable teóricamente, pero ha de ser postulada prácticamente. La libertad es un postulado de la razón práctica.

 

E. La inmortalidad.

La perfección del orden moral exige premio o castigo; mas como esta recompensa o pena no tienen cumplimiento en la vida presente, es necesario admitir otra existencia en la que tengan realidad. Por lo mismo, el alma es inmortal. Obsérvese, que la inmortalidad del alma sólo puede admitirse a título de postulado, exigido por el hecho de la moralidad, y con validez únicamente para la razón práctica.

 

He aquí otra cadena de razonamientos que conducen al mismo objeto. El hombre está obligado absolutamente a realizar el bien. Esta realización no puede tener término. Más si el alma cesase de existir, la realización del bien sería imposible. En consecuencia, deberá admitirse que el alma vivirá siempre, es decir, que es inmortal.

 

F. Dios.

Pero todavía hay más. La libertad y la inmortalidad del alma nos lleva a un tercer postulado de la razón práctica: Dios. Es necesario admitir, siempre a título de postulado, un Dios justiciero, distribuidor de premios y castigos.

 

Razonando de otra manera: el bien sumo y la suma felicidad deben pensarse unidos; pero el orden de la moralidad y el de la felicidad son heterogéneos; luego la felicidad sólo podrá ser hallada por la moralidad sin ser buscada por su medio; esto, sería imposible si no existiese un ser que vincule la felicidad del hombre con la moralidad, y este ser no es otro que Dios; luego " Dios debe existir necesariamente”.

 

Es preciso insistir en que la libertad, la inmortalidad y Dios no son objetos del conocimiento teórico, sino postulados de la razón práctica. No hay, pues, en la " crítica de la razón práctica " una demostración, ni un conocimiento de la libertad, la inmortalidad y Dios. Postular no es conocer. El dogmatismo moral no puede alterar en lo más mínimo el agnosticismo teórico.

 

 

4. La "Crítica del juicio”.

 

La tercera parte de la filosofía de Kant es la estética. Kant trata de ella en la "Crítica del juicio”. Al lado de los juicios teóricos y de los prácticos existe en los juicios de finalidad, que se refieren a las obras de arte y y a los organismos vivos. Kant examinará ahora las condiciones de validez de los juicios de finalidad en ambas dimensiones. En lo referente a los organismos, nuestra mente cambiar la idea de finalidad con la de causa eficiente, prestando así la naturaleza el fundamento de su valor de necesidad y universalidad. Por el contrario, los juicios estéticos tienen fundamentos subjetivos. La impresión de belleza es producto de la armonía de nuestras facultades cognoscitivas. El sujeto se satisface en el placer desinteresado. De aquí la conocida definición kantiana de lo bello como una finalidad sin fin.

 

El hombre conoce, obra y estima. Al lado de los ámbitos especulativo y práctico pone Kant el campo estético. Por tanto, en el hombre, junto a la razón pura y la razón práctica, es necesario poner la facultad de juzgar. Kant la llama juicios. Por esto es necesario ahora emprender la crítica de juicio. También en ella debe haber juicios sintéticos a priori. Y el problema surge por sí solo: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori estéticos? El juicio de de poseer un principio a priori capaz de resolver ese interrogante. Kant lo encuentra en la finalidad formal.

 

En términos generales, la facultad de juzgar es el poder de pensar lo particular comprendido en lo universal. Pero pueden suceder dos casos:

 

A. Que el universal sea previamente dado y la función judicativa se limite a subsumir bajo él lo particular. Es el caso de la aplicación de las categorías a los fenómenos sensibles. El juicio sintético a priori de termina objetivamente los fenómenos subsumiéndolos en las categorías. Por eso a estos juicios los llama Kant " determinaciones”.

 

B. Que sólo nos sea dado el particular, y entonces se trata justamente de encontrar un universal que pueda subsumirlo.

 

El universal sólo podrá ser, en este caso, descubierto por reflexión. El juicio sintético a priori no será ya determinante, sino reflexivo. Este Juicio es llamado " reflexionante ": que es la facultad de encontrar lo universal que responde a los objetos singulares de nuestra experiencia. Mas para que ese encuentro pueda verificarse que es preciso que el juicio posea una forma a priori, que es precisamente la finalidad a la que nos referimos. De donde resulta, que la " crítica del juicio " se ocupa de los juicios reflejos con que los particulares de nuestra experiencia y de naturaleza entera son referidos a un orden de finalidad.

 

Ahora bien: hay dos clases de finalidad. Una objetiva, porque mira a los objetos de la naturaleza, y subjetiva otra, por referirse inmediatamente a las facultades representativas. Paralelamente habrá dos clases de juicios reflexivos: el juicio teleológico y el juicio estético.

 

El juicio teleológico se aplica a los organismos y, a la naturaleza entera. Puede entenderse la naturaleza como si obrara en conformidad con determinados fines o como si las partes se coordinasen en el todo en obediencia a un fin presente en la mente divina.

 

El juicio estético pertenece a la esfera del sentimiento. Resulta que en referir el particular a la pura forma universal de lo bello. Toda preocupación cognoscitiva o todo interés y utilidad están ausentes de él. Kant distinguen dos formas de la complacencia estética: el sentimiento de lo bello y el sentimiento de lo sublime. Éste resulta del libre juego de la imaginación y la razón; aquél, del concurso de la imaginación y el sentimiento.

 

Digamos, para concluir, que todos los juicios reflejos tienen mero valor regulativo: se comportan como si en la naturaleza hubiese, trascendido de la determinación mecánica, una finalidad activa insita en su misma entraña. En consecuencia, tanto en la representación teológica como la representación estética carecen de valor cognoscitivo y de práctica utilidad. Ni aumenta en nuestro conocimiento teórico ni postulan nuevas exigencias prácticas.

 

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