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La filosofía en la edad moderna: el racionalismo.

Descartes y el cartesianismo.

 

1. El despliegue del racionalismo.

 

El racionalismo se inicia con Renato Descartes, quien ha vinculado al problema del método, logrando constituir el primer sistema moderno con caracteres tan definidos y personales que merece llevar su nombre (el cartesianismo); se continua con Arnaldo Geulinex, que formula el ocasionalismo, doctrina según la cual las criaturas son meras ocasiones para la acción de la única causa que es Dios; se desarrolla ampliamente en el mismo sentido ocasionalista hasta convertirse en el ontologismo, especie de empirismo racional de Dios, con Nicolás Malebranche; desemboca en el monísimo panteísta (identidad metafísica entre Dios y el mundo, trascendiendo de su física distinción) con Benito Espinosa, y alcanza su nivel conclusivo en el pluralismo monádico de signo espiritualista , con Godofredo Leibniz.

 

 

2. Vida y obras.

 

Renato descartes (1596-1650), hijo de familia noble, nació en Haye, en la Turena. Estudió en el colegio de los jesuitas de la Flèche, famoso en la vida educativa de Francia; allí cursó la filosofía escolástica, las matemáticas, las lenguas y literaturas clásicas, llegando a adquirir un saber enciclopédico. A la salida de la Flèche, va a París, y, en medio de la molicie y la vida de placer, se siente escéptico para toda ciencia que no sea la matemática, la cual, aunque posee evidencia, no reporta, ningún conocimiento de lo real.

 

Las obras principales de descartes son:

 

Discurso del método.

Meditaciones de la filosofía primera.

Principia filosófica.

Regulae ad directionem ingenii.

 

 

3. El problema.

 

En descartes había hecho presa el escepticismo, tan sólo la matemática quedaba en pie. Pero ésta no es ciencia de lo real. Descartes quiere hacer una filosofía de lo real absolutamente indubitable. Para esto tomará a la matemática por modelo. Dos buenas condiciones reúne la ciencia matemática para apoyarse en ella: un punto de partida, admitido como postulado, y el método rigurosamente deductivo. Desde este momento, Descartes se encuentra con un gran problema: la búsqueda del primer principio de la filosofía, para, sobre el, construir deductiva mente todo el sistema del saber.

 

 

4. La duda.

 

Ninguna verdad susceptible de duda puede ser principio de la filosofía. De aquí que, para encontrar éste, debamos comenzar por aquélla. En este es el sentido de la duda metódica que viene a instaurar Descartes.

 

 

5. Los motivos de duda.

 

Como es posible ir examinando una a una todas las verdades, Descartes busca algunos criterios con los cuales desechar grandes regiones del saber. Encuentra cuatro:

 

A. Los sentidos que, si alguna vez me han engañado, puedo suponer que me engañan siempre, con lo cual quedan desechadas las verdades de la experiencia.

 

B. El mal uso de la razón, por lo cual me he engañado alguna vez, me hace ser precavido y suponer que puedo engañarme siempre, con lo que queda descartado otro gran sector de conocimientos.

 

C. La falta de un criterio para distinguir el estado de vigilia del estado de sueño, por lo que todas las impresiones se harán ilusorias.

 

D. La hipótesis del genio maligno, que afecta a la seguridad de todas las verdades que pueden haber quedado en pie con los criterios anteriores.

 

 

6. El cogito.

 

Con estos cuatro motivos, Descartes se dispone a pensar que todo es dudoso y falso; pero en medio de la duda, aparece una verdad absolutamente indubitable; la existencia del propio ser dubitante. Queriendo pensar así (dice Descartes) que todo era falso, era menester que ello, que lo pensaba, fuese algo, y observando esta verdad llegue a la siguiente conclusión: “pienso, luego existo”,

era tan firme y segura, que ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos eran capaces de quebrantarla, juzgue que podía tomarla como el primer principio de la filosofía.

 

 

7. El yo.

 

Descartes ahora tiene asegurada la existencia del yo pensante; pero ¿En qué consiste propiamente el yo? Haciendo uso de un proceso eliminativo (yo no soy un brazo, ni mi pierna, etc.), concluye que es una cosa que piensa: ego sum res cogitans. El yo, pues, queda reducido a razón. En la razón, en ello va a fundar descartes toda la filosofía.

 

 

8. El criterio de verdad.

 

Ya tiene descartes una verdad. Es preciso examinar la bien... lo único que nos asegura la absoluta certeza de esta primera verdad es que así la concebimos con absoluta claridad y perfecta distinción. El criterio de certeza es, pues, la claridad y distinción de mi concepción. Obsérvese que la evidencia de Descartes tiene caracteres subjetivos y no objetivos. La evidencia no se refiere a las cosas que concibo, sino a mi concepción de las cosas.

 

 

9. Las pruebas de la existencia de Dios.

 

Con la primera verdad y el criterio de su evidencia pretende Descartes recuperar todas las verdades. Pero la hipótesis del genio maligno no le permite avanzar. Se hace, pues, preciso remover este obstáculo demostrando la existencia y la veracidad de Dios. Para ello utilizan varias pruebas, he aquí las dos principales:

 

A. Yo, ente infinito e imperfecto, encuentro en mí la idea de lo infinito y perfecto; esta idea no puede proceder de mí, pues soy imperfecto, ni de las cosas, que tampoco son infinitas y perfectas; tiene, pues, que proceder del ser mismo infinito y perfecto; es decir, de Dios.

 

B. Utiliza también Descartes el llamado argumento ontológico que formulada por primera vez san Anselmo en el siglo XI. Yo tengo en mi la idea de un ser perfecto, luego este ser existe.

 

Asegurada la existencia de Dios, ser infinitamente perfecto, le es sumamente fácil a Descartes probar su veracidad, ya que la concibe clara y distintamente y como una de las perfecciones.

 

 

10. La res extensa.

 

Al lado de la res pensante pone Descartes la res extensa; es decir, el mundo. Ambas proceden por creación de la res infinita, es decir, de Dios. ¿Cómo se le ofrece a Descartes la res extensa? Con la idea clara y distinta y la veracidad de Dios, puede admitir ya que sus impresiones subjetivas responden a la realidad de las cosas. Pero éstas se reducen a simple extensión. Elimina todo elemento como componente de los cuerpos y por eso su física se reduce a geometría. La razón de este exclusivismo se encuentra en que sólo percibe clara y distintamente la extensión.

 

Con esto viene a plantearse en la filosofía cartesiana el difícil problema de la comunicación de las dos sustancias: la res extensa y la res pensante. Para Descartes es Dios quien funda la comunicación de las dos sustancias infinitas.

 

 

11. La res pensante.

 

Los animales son puras cosas extensas, autómatas. Pero en el hombre hay que distinguir el cuerpo y el alma, la res extensa y la res pensante. Siendo de naturaleza radicalmente diferentes, no pueden unirse más que accidentalmente. El alma se aloja en la glándula pineal, y desde allí, por medio de los espíritus animales, dirige el movimiento de los órganos corporales y recibe las impresiones del exterior.

 

 

12. Examen de la doctrina cartesiana.

 

Ningún punto fundamental del pensamiento de Descartes puede admitirse sin restricción es cuestionable que la existencia del yo cogitante sea el principio de la filosofía; falso que el hombre se reduzca a razón; inválido el carácter subjetivo del criterio de certeza y notoria su modalidad circular; deficiente su mecanicismo y geometrismo físicos; está mal planteado el problema de la comunicación de la sustancias por haber resuelto mal el problema de su unión.

 

En el fondo del cartesianismo hay implícito un error que lo invalida desde su misma raíz. La univocidad del ente, esto es la creencia en el principio de la unidad de la realidad que no reconoce diferentes estructuras en el ser, y que, por lo mismo, postula la unidad del método.

 

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