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La filosofía en la edad moderna: el renacimiento.

Introducción al renacimiento.

 

 

1. Revisión histórica.

 

Pocas naciones están exigiendo una urgente revisión histórica como la concepción comúnmente recibida del renacimiento. Caracterizarlo como resurrección del espíritu grecorromano es contemplarlo sólo mirando al pasado. Entenderlo como el esfuerzo por desprenderse de la cultura tradicional, formulada durante la edad media, es dejarlo desnudo de toda significación y en pura esperanza de llegar a ser algo. El renacimiento no es la simple reacción frente a la escolástica medieval ni el mero propósito de restauración del clasicismo grecorromano. A poco que se afinen los conceptos y se sustituyan las expresiones, se habrá ido a parar a la concepción del renacimiento como movimiento doctrinal preparador de la llamada reforma, fórmula estereotipada a que nos tiene acostumbrados la crítica historia del protestantismo. Contra lo que primero protesta la reforma lo constituyen los elementos paganos grecorromanos asimilados en el cristianismo.

 

 

2. El doble renacimiento filosófico.

 

Cuando se trata de caracterizar un periodo cultural sólo la descripción abierta en abanico puede evitarnos el fracaso. Convengamos que el renacimiento, en el orden filosófico, se dice de dos maneras fundamentales. Hay, en primer lugar, un renacimiento general europeo, con participación española, y hay también un renacimiento típicamente español.

 

Dos notas fundamentales definen, en el orden filosófico, el renacimiento europeo: el esfuerzo por restaurar la confianza de la razón en sus propias fuerzas y el intento de renovar el conocimiento de los filósofos griegos respecto al doble tema de la naturaleza y el hombre. Humanismo y renacimiento son las dos notas con que se define a sí misma la nueva época. Ambas pueden sintetizarse en una sola: el renacimiento del humanismo griego. Todo lo demás es pura circunstancia accidental.

 

En la Península ibérica se produjo también un movimiento renacentista que llegó a adquirir importancia sin igual. A diferencia de europeo, el renacimiento hispano-peninsular tiene un sentido exigencial y netamente cristiano. En el orden filosófico, no es tanto un resurgimiento de las escuelas griegas cuanto un renacer de la escolástica en aquel nivel a que le habría elevado santo Tomás. Frente a la crítica, a menudo negativa, de los renacentistas europeos, los filósofos y teólogos españoles de los siglos XVI y XVII reafirman la tradición medieval. Frente a la religión protestante, la teología española inicia la verdadera reforma católica, que había de culminar en Trento. Con este motivo han de acometer los teólogos españoles los problemas planteados por Lutero. Con las soluciones aportadas se incrementa el acervo de verdades de la teología y de la filosofía. Por otra parte, el descubrimiento del nuevo mundo y, consiguientemente, la conquista y establecimiento del imperio, plantean serios problemas filosóficos que, al ser tratados darían lugar al nacimiento de las tres disciplinas: la filosofía del derecho natural, la filosofía del derecho penal y la filosofía del derecho internacional. Todo ello, no significa un aislamiento y una despreocupación, por parte de España, de los genuinos problemas que renacimiento tratará en Italia, Francia o Alemania.

 

 

3. Las tendencias del renacimiento europeo.

 

Las tendencias filosóficas del renacimiento europeo pueden es que matizarse como sigue:

 

A. El renacimiento platónico.

B. El renacimiento aristotélico.

C. El escepticismo.

D. Doctrinarios y oportunistas políticos.

E. El renacimiento científico.

F. El renacimiento y la reforma.

 

 

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