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La filosofía antigua: época helenísticorromana.

El escepticismo y el eclecticismo.

 

A. El escepticismo.

 

1. El escepticismo.

 

Las posiciones epicúrea y estoica favorecieron el desarrollo del escepticismo. Reconocida la preeminencia de la ética, a cuyas exigencias debe plegarse la concepción del universo (física) y la teoría del conocimiento (canónica y lógica), y subordinado con ello el pensamiento a la acción, la filosofía de la vida, no podía tardar en advertirse que a la vida práctica del sabio que busca la imperturbabilidad le cuadra mejor la abstención del juicio (que es tranquilidad en lo opinable), que la decisión sobre la verdad o la falsedad, el bien o el mal (que es turbación por el fracaso en conseguirla).

 

2. La filosofía escéptica.

 

Al comienzo de sus Hipotiposis pirrónicas, Sexto Empírico, contemplando el panorama ofrecido por el pensamiento filosófico de su época (el de las escuelas morales), concreta en tres las formas irreductibles de la filosofía. "Entre los que filosofan, unos afirman haber encontrado la verdad, otros dicen que no es posible encontrarla y otros continúan buscando. Creen haberla hallado los llamados dogmáticos, como los aristotélicos, epicúreos y estoicos; renuncian a ella los de la escuela de Clitómaco y Carnéades y otros académicos; la buscan los escépticos. De donde es lógico concluir que las formas últimas de la filosofía son tres: la dogmática, la académica y la escéptica". Una primera caracterización de la filosofía escéptica es, pues, ésta: búsqueda de la verdad. La filosofía escéptica se llama también inquisitiva, por la acción de inquirir y de indagar; abstentiva, por la actitud que resulta de la indagación; dubitativa, porque todo lo pone en duda, y pirrónica, porque fue Pirrón el primero que se entregó a la consideración escéptica de modo más pleno y manifiesto. Y viene ahora la definición del escepticismo: "El escepticismo es una facultad que, de cualquier modo, contrapone fenómenos y noúmenos, conduciendo, por el equilibrio de las razones opuestas, primero a la abstención, y, finalmente, a la imperturbabilidad”. Por donde se puede apreciar que la filosofía escéptica tiene el mismo principio e idéntico fin que el dogmatismo epicúreo y estoico: "el principio de la filosofía escéptica que es la esperanza de encontrar la imperturbabilidad"; "el fin del escéptico es la imperturbabilidad en lo que depende de la opinión y la moderación en lo necesario". Difieren, por el camino recorrido, por el modo de lograr el fin: "el principio constitutivo de la filosofía escéptica es el hecho de que a toda razón se opone otra equivalente, y esto es lo que obliga a no dogmatizar". El contenido de la filosofía escéptica es también sensiblemente idéntico a la epicúrea y estoica: comprende un tratado general y tres partes especiales: lógica, física y ética. Todo aparece esencialmente modificado, cuando, en rigor, todo se conserva igual. Lo importante a estas tres escuelas es el valor práctico y humanista del conocimiento filosófico.

 

3. El escepticismo antiguo o pirronismo.

 

El despliegue histórico del escepticismo en la edad antigua se adscribe a tres fases principales: El escepticismo antiguo o pirronismo, el escepticismo de la academia media y el escepticismo posterior o neopirronismo.

 

El escepticismo antiguo o pirronismo debe su nombre al fundador de la escuela, Pirrón de Elis (360-270), que enseñaba en Atenas ya en tiempos de Epicuro. Contra los epicúreos, negaba la validez de la sensación; contra los estoicos, la de la representaciones catalépticas; contra Platón y Aristóteles, el valor del conocimiento racional. Las cosas son incognoscibles. Conviene, pues, limitarse a reconocer los hechos tal como aparecen, sin pronunciarse acerca de su realidad. Hasta la ética ha de rechazarse todo dogmatismo. Como en el terreno teórico renunciamos a la verdad, en el campo práctico debemos renunciar al ideal.

 

Pirrón tuvo por discípulo a Timón de Flionte (241 antes de Jesucristo), primer expositor de la doctrina escéptica. A tres problemas capitales reduce el escepticismo pirrónico:

 

1. Cuál es la naturaleza de las cosas;

2. Qué actitud debemos adoptar respecto de ellas;

3. Qué resulta de esa actitud.

 

He aquí las soluciones propuestas:

 

1. Conocemos lo que sentimos (fenómeno) e ignoramos lo que está oculto (noúmenos o cosa en sí).

2. Debemos aceptar el fenómeno y rechazar o suspender el juicio sobre la cosa en sí (criterio de la sensación para la vida práctica y ausencia de criterio racional para la vida teórica).

3. Con la renuncia al juicio (afasia) resulta la imperturbabilidad (ataraxia) en las cosas opinables y la moderación en las necesarias.

 

 

4. El escepticismo de la academia media.

 

Está representado por Arcesílao de Pitane (315-240) y por Carnéades de Cirene (241-129). Bajo la influencia desbordante del pirronismo y en dependencia de Sócrates y de los sofistas, polemizan agudamente contra todo dogmatismo, especialmente contra epicúreos y estoicos. Estos académicos se colocan en un punto de máxima inestabilidad. Por una parte, en su oposición de los dogmáticos, se ven impulsados más allá del pirronismo: no sólo carecemos de un criterio para la verdad objetiva; es preciso negar el valor del criterio de la sensación, pues también los sentidos se contradicen y las apariencias engañan. La renuncia a la seguridad en el conocimiento teórico y en el práctico, a la verdad y al ideal debe ser completa. El sabio debe suspender el juicio y el asentimiento: sólo así logrará la tan deseada imperturbabilidad. Por otra parte, como la vida urge con la inaplazable exigencia de la acción, se impone una regla de conducta y, por tanto, un criterio. La prudencia, reguladora de la acción recta, lo impone, en efecto; Arcesílao lo encuentra en lo plausible y Carnéades en la representación persuasiva con sus tres grados de verosimilitud: representación persuasiva aislada; no contradicha al insertarla en el sistema de las demás, y examinada en todas sus partes.

 

 

B. El eclecticismo.

 

1. La filosofía ecléctica.

 

Ya se ha dicho que el eclecticismo surge como exigencia de transacción y fórmula de compromiso. El escepticismo ejerció entre los representantes del estoicismo medio y entre los neoacadémicos poderosa influencia, hasta hacerles abandonar la rígida posición del dogmatismo para buscar una base más segura y obtener el consentimiento necesario, a fin de resolver los problemas prácticos. De esta manera, todas las escuelas imperantes, efectuado el epicureísmo, van a parar al eclecticismo. El problema del conocimiento se traslada desde el campo teórico a la esfera práctica. La evidencia pierde su rango para convertirse en simple verosimilitud, sobre la cual resulta más fácil obtener un asentimiento universal. Este asentimiento universal, que en los comienzos es el fin intentado por los diferentes representantes las escuelas morales, se convierte pronto en signo práctico de la validez de los sistemas y criterio de admisibilidad de sus verdades. Con ello ha dejado el eclecticismo de ser mera tendencia para establecerse en sistema. Surgió así la filosofía escéptica como sistema moral de la conciencia común.

 

El despliegue histórico del eclecticismo en la edad antigua debe adscribe a tres fases principales: El estoicismo medio, la academia nueva y el eclecticismo romano.

 

2. El estoicismo medio.

 

Como ya quedó indicado, el estoicismo medio se convierte en eclecticismo. Tres son sus representantes capitales: Boeto de Sidón, Panecio de Rodas y Posidonio de Apamea.

 

Boeto de Sidón (111) es el primer estoico que se aparta del rígido dogmatismo de la escuela antigua. Injerta en el estoicismo la física platónica, planteándose el problema de la terminación del mundo y defendiendo su imposibilidad con argumentos de tipo muy variado que pueden reducirse a la idea de la procedencia y a los caracteres divinos del universo en incompatibilidad con la posibilidad de corrupción.

 

 

3. La academia nueva.

 

La academia nueva, en reacción contra escepticismo de la academia media, se convierte también en ecléctica con Filón de Larisa y Antíoco de Ascalona.

 

 

 

4. El eclecticismo romano.

 

El eclecticismo romano se haya típicamente representado por Cicerón (106-43), que en su juventud recibió en Atenas la enseñanza de los dos últimos académicos nombrados, Filón y Antíoco, y del estoico Posidonio. Tiene Cicerón grandes méritos por la gran recopilación de doctrinas de los diversos filósofos griegos que popularizó entre los romanos, por su contribución a la formación del lenguaje filosófico latino y por haber llevado la reflexión filosófica desde el ámbito de la moralidad al dominio de la comunidad política, derivando de las prescripciones éticas del derecho natural y armonizando con éste las prescripciones del derecho positivo regulador. Realizó así el imperativo del ahora en servicio de la grandeza política de su pueblo y de la nueva ciencia del derecho.

 

Las obras filosóficas de Cicerón son las siguientes:

 

De natura deorum.

De divinatione.

De fato.

Tusculanae disputationes.

De officiis.

De finibus bonorum et malorum.

De  republica.

De legibus.

De amicitia.

De senectute.

 

Cicerón acepta la doctrina de Carnéades sobre el conocimiento. En psicología admite la doctrina platónica sobre el alma. Del estoicismo admite la doctrina de la razón universal y la providencia. De Aristóteles recoge su concepción finalística y su doctrina de la felicidad. Resulta así el eclecticismo de Cicerón, en el cual queda únicamente excluido el epicureísmo. Admite también Cicerón la existencia de Dios, la espiritualidad y la inmortalidad del alma, la libertad de la voluntad, etc.

 

De esta manera, el eclecticismo, como filosofía del sentido común y manifestación de sus exigencias prácticas y sus necesidades espirituales en orden, sobre todo, a la existencia de Dios y a la inmortalidad del alma, preludia también el nuevo periodo de la metafísica religiosa.

 

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